Bipolaridad de las cebras

Las cebras constituyen un pilar fundamental en la terapia cognitiva (TC o TCC), no así en la terapia de aceptación y compromiso (TAC, no confundir con el TAC de la tomografía axial computerizada ni con TAC Taller Atlántico Contemporáneo etc.), en la que de lo que se trata es de aceptar sin rechistar que la luz es cara y tu deber para la compañía es corresponder a tu compromiso de pagarla.

En cambio, la terapia cognitiva, a la que en ocasiones se le pone el apellido “conductual” por aquello de poner en práctica lo que la parte teórica va desentrañando y no dejar solo al incauto paciente ante el vapuleo que la vida le va dando hasta dejarlo irreconocible, parte de la idea de que lo importante es lo que tú pienses mientras el World Trade Center se viene abajo contigo dentro: porque el malestar nace de tu diálogo interior, de lo que tú mismo te cuentes mientras la civilización a la que perteneces se derrumba contigo dentro, porque la caída de las torres gemelas es un acontecimiento de carácter neutro, es tu cognición la que otorga un valor a ello.

Y decíamos que las cebras son parte esencial de la terapia cognitiva y no a su pesar, porque como todo el mundo sabe —o cree saber, o supone saber—las cebras viven ajenas a todo esto en la sabana, donde su principal preocupación oscila entre comer y no ser comida y, de cuando en vez, aparearse allí donde uno pueda (o le dejen) y para lo que la terapia resulta de escaso atractivo y de nulo interés en estas cosas d la perpetuación de la especie.

Volviendo a la terapia cognitiva, una de las primeras misiones del terapeuta es hacer comprender la filosofía de la misma a través de un cuestionario en el que, entre otras muchas, figura la afirmación “las cebras no pueden cambiar el color de sus rayas”, lo que a priori parece una cuestión facil de resolver entre las dos opciones que dan: estás de acuerdo o no estás de acuerdo. Así: sin anestesia y sin haber podido dormir antes la siesta.

Pero la cosa no es tan sencilla pues, aunque el común de los mortales contestará “estoy de acuerdo” —y ahí la grandeza de los hechos, las cosas que no se pueden cambiar y si no se pueden cambiar para qué sufrir por ello— no existe la absoluta certeza de que no puedan hacerlo. ¿Conocen las cebras su bipolaridad cromática? ¿Pueden cambiar el color de sus rayas pero no les interesa el tema o quizá desconozcan que puedan realmente hacerlo? El primer homínido que pudo crear fuego pertenecía a una especie que no era capaz de crear fuego. Quizá el que este primer homínido consiguió al crear por primera vez fuego es dar lugar al sapiens o tal vez como era sapiens en un momento dado fue posible el fuego.

Es probable que las cebras nunca reflexionaran hasta la fecha sobre tales cambios en su apariencia pero no es descartable que en un próximo escalón evolutivo se pregunten por la necesidad o conveniencia de mantener la biopolaridad cromática de sus cuerpos. Más aún: ¿de qué color son las cebras? ¿Blancas de rayas negras? ¿Negras de rayas blancas? Puede que en realidad sean de dos colores y seamos los humanos los únicos que en ellas vemos rayas. Y el sol brilla y las palomitas vuelan.

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