Complicidad de los gatos

Los gatos saben que tú sabes que no son tus amigos, y como saben que lo saben fingen que estás en lo cierto haciéndose de rogar, con ese aire de indiferencia propio de un ano afónico sin nada que contar. Pero los gatos te aman, tanto que si fuesen lo suficientemente grandes te comerían en un puñado de bocados para llevarte dentro de ellos, aunque fuese solo el tiempo necesario para generar los desperdicios que muy educadamente depositarán más tarde en sus cajitas de arena.
Porque los gatos son muy limpios. Se han puesto de acuerdo entre ellos para mostrar una higiene que ya quisieran para sí nuestras abuelas,muchas de nuestras madres y por qué no decirlo, para nosotros mismos.
Eso hace que entre el humano y el gato se establezca un vínculo cómplice, un dejar de pensar en su parte animal y estudiarlos desde lejos como una especie de personitas limpias, pulcras, aunque eso sí, de dientes afilados como agujas de coser.
Los gatos, como ya todo el mundo sabe, no hablan. En realidad no lo hacen porque no tienen nada que decir. Y además son fundamentalmente vagos. ¿Has visto un gato acercándote el periódico por la mañana, las zapatillas al caer la tarde o simplemente avisar de la llegada imprevista de un desconocido? Los gatos no hablan, pero porque no tienen nada que decirnos, ocupados como estamos en entender el por qué de esa su complicidad natural con los humanos. (foto de Ringo © Miguel Dovale

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