Mentalidad de los peces

por Javier Vizoso

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Hace tiempo todos los peces alcanzaron el trascendental acuerdo de no preguntarse sobre cosas que hasta entonces les habían parecido importantes, como por ejemplo qué cosa es el agua. Y tal.
Desde ese primer instante las cosas comenzaron a irles mucho mejor (a los peces). Cosas que antes parecían esenciales, como la naturaleza de la infidelidad o el sentido último de la profundidad del océano dejaron de ser preocupaciones diarias para quedar como un remoto y casi borroso recuerdo de una época ya perdida, terminada, superada y eso.
La mentalidad de los peces, eminentemente práctica desde entonces, les ha llevado a especializarse sobremanera. Así, decidieron usar lo que se puede encontrar en cualquier caja de herramientas como modo y/o modelo para la especiación y clasificación de individuos con el establecimiento de lo que dieron en llamar parecidos razonables: el pez martillo, el pez sierra, el pez globo y cosas así y que a más de uno le lleva a preguntarse si, después de todo, el océano no es más que una gigantesca ferretería.

La mentalidad de los peces es, así, eminentemente práctica: los peces comemierda se encargan de lo que su propio nombre señala mientras que del pez tigre es preferible mantenerse a distancia prudencial.

Algo a lo que los estudiosos no han dado demasiada importancia, sin embargo, es la insólita ausencia de tradición literaria. La literatura no es algo que preocupe a los peces… tanto es así que más de un experto en cuestiones marinas ha señalado que tal falta de interés por la literatura nace del ancestral desentirés por los sentimientos, a lo que sin duda ha contribuido el hecho sistemático de que el apareamiento se produce en dos fases totalmente individuales por lo que han dejado de lado el roce y o el frotamiento, lo que dificulta sobremanera la aparición de lazos afectivos.

En este estado de cosas, ya no llama la atención el poco apego que los peces tienen por sus semejantes, a los que terminan por comerse cuando estos mueren, en un curioso equilibrio ecológico que, además, explica la permanente ausencia de floristerías y funerarias en el fondo del mar.

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