¿Por qué las sesiones con tu psiquiatra nunca son sinceras?

Al menos, seamos sinceros entre nosotros: ni el psiquiatra ni tú os decís la verdad que cabría suponer como necesaria en una relación de confianza médico-paciente como la vuestra. Pero créeme: es mucho mejor así.
Al flamante doctorado en alguna prestigiosa universidad no le gustará descubrir que hace tiempo sabes que su profesión guarda más parecidos con las actividades del brujo de cualquier tribu del Amazonas que con la meticulosa certeza científica del investigador de laboratorio.

Es importante que tu psiquiatra no sepa que conoces su truco del almendruco sobre el que se edifica su pseudociencia: el siempre infalible método del ensayo prueba/error, en el que si tal medicamento o dosis no produce el resultado esperado se cambia la nomenclatura de la receta y vuelta a empezar. Después de todo, de lo que se trata es de alterar la recaptación de alguno de los muchísimos neurotransmisores del cerebro (sea la dopamina, la serotonina o la norepinefrina) para reconducir de algún modo el laberíntico recorrido de tus propios pensamientos con el único fin de dar con la tecla que permite alcanzar aquellos que, obsesivos y tenebrosos, son piojos amarrados a los axones que sorben el néctar de la serotonina directamente de las dendritas de aquellas neuronas que dedicabas a enfrentar el caos de tu vida.

Ni te plantees poner al descubierto ante tu psiquiatra la certidumbre de esta engañifa, o se verá obligado a destruirte diciéndote todo aquello que jamás deberías escuchar si albergas la esperanza de alguna ligera mejoría. Evitarás entonces oír que si se abraza a tu cuello ese sentimiento asfixiante de inutilidad es porque, en realidad, no eres más que un fracasado.
Joder, ¿pero qué coño es lo que quieres? ¿Escuchar de sus propios labios que, además de compartir contigo la misma penitencia, los desamores o la certidumbre de la incertidumbre del inexorable final que, en definitiva, todo aquello que un día te llevó arrastrándote como un insecto hasta la misma puerta de su consulta, esa sensación de vida malgastada, obedece tan sólo a que esa vida que tienes es, como ya bien sabes, toda una mierda?

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