Ni Dios ni la muerte tienen un muro en el feisbuc

En recuerdo de Simon Levey
Foto: © Vari Caramés, 2012

Siempre mantuve una relación cercana con la muerte… y no porque haya tenido que ver con ello enfermedades o fallecimientos inesperados y prematuros. En realidad, poco o nada que ver con las vidas desgraciadas de tantos seres humanos que su vida transcurre por las vías directas de la ausencia de vida a cada uno de sus pasos.

La muerte siempre ha estado presente, más que en mi vida, en mi propia mente. En mi libro El secreto de la señora Higgins y otros cuentos la muerte ocupa, al menos, un cincuenta por ciento del libro, tema central en relatos como el que da título al libro, la serie enmarcada en “Infantilegios” y las historias que se incluyen en “Epitafios imposibles”. El otro cincuenta por ciento trata sobre otros tipos de muerte: la social, la espiritual, la amorosa e, incluso, la autoafectiva. Y todo ello porque decidí dejar fuera de esta primera publicación otros relatos como “Memoria de manolo el difunto” o la historia siniestra del fantasma “Hermelinda”. De no hacerlo las cosas habrían ido a peor…

Y no es un gusto especial por lo macabro —y ello a pesar de que, como escritor, comencé a forjarme en las apasionadas (y reiteradas) lecturas de un autor como Edgar Allan Poe al que llegué con poco más de trece años.  Al contrario de todo lo que se pudiera pensar con lo dicho y escrito hasta ahora, la reflexión y la compañía de la muerte no es otra cosa más que una excusa para intentar zambullirme de una vez por todas en una verdadera e inevitable celebración de la vida.

Las muelas de mi abuelo

Mi primer encuentro con un cadáver tuvo lugar ante el de mi abuelo, a quien amortajaron y exhibieron en lo que hasta a aquella misma tarde había sido mi cuarto, en su féretro de madera inmaculada separado del mundo de los vivos por un escueto cristal. Sus manos viejísimas y ahora blancas y sin vida tenían un rosario enredado, recogidas sobre un pecho que no volvería a sufrir y con un ridículo pañuelo atado a la mandíbula con un nudo sobre su cabeza, como si aún después de muerto todavía le doliesen las muelas.

Entonces no lo supe, pero algo en mí se rompió muy adentro. Era como una caída sin fin por un precipicio de lágrimas y en cuyos lados era imposible encontrar tan siquiera un resquicio al que agarrarse… Sin voluntad ni capacidad para detener el llanto, no era otra cosa que un pelele medio exhausto en las fauces terribles del duelo.

Tal vez sea esa indefensión infinita la que no me permite comprender cómo a tantos les resulta posible utilizar las callejuelas del feisbuc para exhibir su dolor, un dolor que, por otra parte, no hace más que levantar “me gusta” entre los animados espectadores del dolor transmitido en directo.

Quizá por eso sentí un corte profundo en el blanco de mis ojos cuando la foto de Simon Levey apareció rodando en el feisbuc, con decenas de “me gusta” que me hacían dudar y preguntarme cuántos sufrían por la pérdida de Simon y cuántos por la pérdida de la oportunidad perdida. Pensé que, en el fondo, aquello no era otra cosa que la necesidad de tantos de dejar constancia visual de su duelo, un duelo que, en este mundo cibernético en el que fotografiamos paisajes para poder contemplarlos únicamente en las pantallas de nuestros artefactos, ya sólo puede vivirse ante la mirada de decenas de ojos.

Pero ni Dios ni la muerte tienen muro en el feisbuc. A lo sumo escriben en el blog de la vida de cada uno de nosotros, marcando cada entrada en forma de arrugas y cicatrices. Por eso, Simon, te escribo estas líneas, y te cuento que quizá el dolor de algunos no era tanto el de perderte a ti si no el dolor de descubrir que son ellos los que, con tu muerte, se han perdido.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. janneth hernandez dice:

    hace varios anos conoci a simon levey en Colombia y perdi contacto con el. No tengo cuenta en facebook pero por alguna razon tuve un sueno con el y escuchaba como si escuchara su voz en mi mente.
    Por favor.. Por favor si alguien conoce cual fue el la causa de su muerte y quien se esta acargo del perrito
    lo agradesco de todo Corazon.

    1. Hola, Janneth. Simon apareció muerto una mañana en su piso de A Coruña. Desconozco la causa de su fallecimiento y no creo que mucha gente conozca la verdad. Una persona muy cercana a Simon se hizo cargo del perro.

      1. janneth hernandez dice:

        Javier muchas gracias por responder Dios lo bendiga !

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