Los enamoramientos que no enamoran

Mi héroe fue Superman hasta que descubrí Spiderman, quizá porque este último me parecía más humano y, de algún modo, mucho más probable en un mundo como el mío (dentro de su evidente improbabilidad, claro, pero entonces yo no lo podía entender de tal modo). Ahora vuelve a surgir otro héroe tan poco probable como Spiderman y tan poco creíble como el muchacho de acero de Krypton: un Javier Marías que renuncia al Premio Nacional de Narrativa 2011 por su novela Los enamoramientos.
Que a estas alturas el escritor madrileño renuncie a un premio no debería sorprender a nadie porque, evidentemente, ya no los necesita. Lo que realmente me sorprende es que se premie como mejor novela de 2011 la peor que leí en todo ese año. Porque Los enamoramientos es de esas novelas en las que el fracaso del autor se esconde, precisamente, en su indeseada e inevitable presencia en la novela. Porque durante su lectura no podía dejar de pensar en un Javier Marías pensando en cómo pensaría una mujer y en que la voz de la protagonista de la obra de Marías es, en definitiva, la prueba literaria de los tópicos que los hombres han ido construyendo alrededor de lo que ellos creen el pensamiento de las mujeres.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Albino Mallo dice:

    .No lei la novela, o sea que no puedo opinar sobre ella. En cuanto a la renuncia me parece un gesto bonito pero inutil, porque el estado se quedará de nuevo con el dinero. Mas humano hubiera sido recibirlo, discursear lo que quesiera, y luego, sin alaracas ni publicidades, entregarlo a los necesitados

    1. Sí, supongo que habría sido lo más lógico… pero creo que en la postura de Marías también hay un componente de protesta. O así lo parece cuando, después, explica que la política del gobierno en materia cultural se asemeja a la desarrollada durante el franquismo.

  2. “El pensamiento de las mujeres” es una expresión que me repatea. Es generalizar, al fin y al cabo, como si cada mujer no fuera un mundo, y todas estuviésemos enfundadas en el mismo vestido.
    Lo mismo aplico a aquello de “lo que piensan los hombres”. Toda generalización es mala, y el ser humano tiende ella por pura inercia.
    Dejando ese tema a parte, no he tenido el placer, o la desgracia, todo sea dicho en función del punto de vista con el que se mire, de leer el libro. Así que mi opinión al respecto va a ser nula, o condicionada por sus palabras, mi buen conocido. Es una pena, no obstante, lo que usted cuenta.

    Un saludo, y brindo, una vez más, con una copa de bourbon en mano.

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