Dos maneras de decir “rueda de prensa” (Memorias del periodismo difunto II)

Estabas en la rueda de prensa y preguntaban los organizadores: “y llegó La Voz…?”, y sustituye La Voz por el diario de mayor tirada de la ciudad, provincia, comunidad o país. Si está, pues empiezas a recitar. Si no está, pues vamos a esperar un poco por cuestiones de cortesía, no vaya a ser. Y entonces llegaba despreocupado el muchacho (porque en aquél entonces eran casi todo muchachos y ahora son casi todas muchachas) y al fin se ponía en marcha la rueda de prensa.
—Una rueda de prensa, muchacho, es el modo en el que los políticos adocenan a sus votantes, a quienes explican por qué tendrías que volver a votarlo.
Después descubrías que, además, era la manera que tenían los políticos, empresarios y/o banqueros de mentir sin que se les notase, porque una mentira compartida en grupo, con cámaras, lápices y papel de notas, grabadoras y otros artilugios para el registro imperecedero parece más verdad que una verdad susurrada al oído.

Llegabas a tus primeras ruedas de prensa adocenado por tu mentor en el diario —que cada día podía ser uno u otro, nadie quería quedarse con el muerto del manzanillo, como si llevase cagados sus calzoncillos o sus bragas.
—Las grabadoras ralentizarán tu trabajo, muchacho. Cinta para aquí, ahora rebobina para allá. ¿Pero dónde estaba ese momento cuando dijo lo de […] Lo mejor es aprender a tomar notas con las que lo esencial de la noticia ya toma cuerpo en tu propio cuaderno.
Nadie me advirtió que el sagrado mandamiento no era idea de aquella periodista de despacho sino del periodismo de trinchera de Grabriel García Márquez.

Si en la rueda de prensa estabas santado a una mesa circular con el portavoz lo suficientemente cerca, podías sentir su aliento vecino golpeando aquellas letras manuscritas que un par de horas más tarde serías incapaz de descifrar, esperando a que acabases de anotar la última frase y asegurándose que apuntabas todo:
—Sí, sí… ¡apunta eso!

Un pensamiento en “Dos maneras de decir “rueda de prensa” (Memorias del periodismo difunto II)

  1. Nunca me gustaron las ruedas de prensa porque pueden ocurrir dos cosas´: o haces tu las preguntas y todos te las copian, o permaneces en silencio y copias lo que preguntan los demás.
    Siempre me gustaron las entrevistas en solitario, cada a cara, y con las ideas anotadas en mi libreta, porque luego, sin faltar a ellas, hago autentica redacción, es decir mi literatura y no tengo que copiar frases textuales de la grabadora (otro instrumento maléfico para la profesión).
    Y en cuando a eso de esperar a que llegue el representante del periódico de más torada, me opongo. Si se cita a una ero, es a la que hay que estar.

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