Del “carajo qué” de J. Cortázar al “Mate Jaque” de J. Pastor

Si Julio Cortázar finalizaba uno de sus cuentos con un “carajo qué” en el que resumía muy eficazmente la posibilidad de esa vuelta a la realidad de las cosas, ese mundo al revés —o “al vesre” que gustaba decir, pensar y escribir, Javier Pastor se inscribe en esa realidad alterada, que se da la vuelta como un calcetín, como una piel hacia dentro en Mate Jaque. Es la piel de su protagonista —ese escritor fracasado y hastiado de su fracaso y de su propio hastío— que como un escarabajo patas arriba se convierte en la nuestra cuando comprendemos que tal vez hablemos nosotros en esa boca de un protagonista que se dibuja y desdibuja al mismo tiempo que lo leemos.

Tan alejados en tiempos y estética y, pese a ello, tan conectados: tan carajo qué como mate que dio el jaque cuando finalmente no sabes si el protagonista es uno partido en dos o dos tras partirse uno. Pues esa y no otra es esta realidad al revés: en lugar de lectura para sentirse otro entrar en la literatura para descubrirse uno.

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