Memorias del periodismo difunto (I)

Teníamos el día de la mujer trabajadora, el del cancer de mama, el de los trabajadores en general y el de los gais en particular, con su orgullo a prueba de colorines. Teníamos también el día del niño y el día del tercer mundo -en el que a los españoles nos esperan con los brazos abiertos. Lo que no sabía era lo del día del periodismo y de la libertad de prensa, aunque sí intuíamos el de los recortes, que son todos los viernes del mes durante todos los meses de los próximos cuatro años.

En todo caso, debo decir que a estas alturas hablar de periodismo me produce un importante desasosiego y el que le hayan dedicado un día me ha hecho reflexionar y llegar a la amarga conclusión de que aquella cosa que decíamos periodismo terminó hace tiempo.

Porque el periodismo era la comunicación de la noticia y, si antes se nos enseñaba que la noticia era lo extraordinario, ahora la noticia es el modo en el que nos llega la noticia.

Cuando entré por primera vez en la minúscula redacción de un periódico nadie me dijo, a finales de los ochenta, de la importancia del teléfono, que junto con el ordenador tipo mastodonte y el papel de la impresora configuraban las armas con las que disparar a la mentira. Lo único puntual en aquella redacción tan chiquita de finales de los ochenta era el noticiario que oíamos por la radio y el café con churros de las seis. Todo lo demás, amigo mío, era un dejarse ir por cualquier cosa con la que montar barullo. No importaba mucho si dabas caña al poder del gobierno o a la cándida oposición: lo importante era pasarlo bien disparando a la mentira, cualquier mentira… Claro que acostumbrábamos a olvidar la mayor mentira de todas: que aquello servía acaso para algo, más allá del orgullo de saber que, probablemente, hacías lo correcto.

Pero era una mentira más. En mi caso lo correcto fue despedirme mucho antes del cierre por cese de negocio, con el chorreo de copmañeros que fueron buscándose la vida aquí y allá antes de encontrarse con las manos en los bolsillos vacíos.

Se aprenden muchas cosas en la redacción de un periódico. La primera y más importante de todas, que nadie dice la verdad. Ni tus jefes, ni tus compañeros ni quienes dicen ser tus amigos dicen la verdad. Así que llega un momento en el que tampoco importa mucho que tú tampoco la digas. Tuve suerte. Pero joder, todo aquello pasó cuando ni tan siquiera tenía los veintiún años.

3 pensamientos en “Memorias del periodismo difunto (I)

  1. La primera vez que entré en este blog, intuí que tenía algo familiar, un halo de algo que forma parte de mí misma. Ahora tengo el placer de saberlo, y ya no lo intuyo, sino que lo afirmo.
    Aunque en lo general presento una visión como la tuya respecto al futuro próximo, quiero pensar que hay gente que todavía lucha por los ideales del periodismo puro. Sin duda alguna, podríamos enzarzarnos en un largo debate acerca de qué entendemos por “periodismo puro”, llegando o no a un acuerdo, así que finjamos que ya lo hemos debatido y dejémoslo en un tema abstracto y universal, donde todo es un poco más justo y neutral.
    No obstante, hay que tener en cuenta que personas hay muchas, y todas y cada una de ellas muy distintas. Apliquemos este enunciado a los periodistas -que por piedra que lanzas salen miles- y ya tenemos la incógnita despejada.
    Pienso que el periodismo no ha muerto. El problema es que no lo vemos. El periodismo que nos muestran no es el total del trabajo realizado, las personas que alzan más la voz no son todas las que hablan, pero sí las únicas que oímos e, inevitablemente, escuchamos.
    Claro que ésa es mi opinión o, al menos, mi esperanza.

    Un placer,
    Miss Golightly

    • Tal vez ese algo familiar que encuentras en el blog es la intimidad de la literatura compartida y su magia para hacernos creer que no estamos solos. Pero es únicamente literatura: “only this and nothing moore”, como decía Poe en su poema The Raven…

  2. Tal vez ese algo familiar que encuentras en el blog es la intimidad de la literatura compartida y su magia para hacernos creer que no estamos solos. Pero es únicamente literatura: “only this and nothing moore”, como decía Poe en su poema The Raven…

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