Meta a su hijo en la lavadora y ponga el centrifugado

El doctor Eduard Estivill es de esos personajes que han dado de forma inesperada con el éxito editorial incluso a pesar de su ineptitud extrema para entender el tema del que habla.
Puede que el incomprensible éxito de su libro no esté encerrado entre sus páginas: más bien se encuentra en la sorpresa de su título: ¡Duérmete, niño!, que suena a esa imposición definitiva, a ese imperativo kantiano (o kafkiano) inmediatamente anterior al desenfrenado y muy comprensible impulso de arrojar al pequeño insomne por la ventana más cercana.

Es de suponer que el doctor Estivill, que augura una brillante generación de muchachos versados en el sufrimiento gracias a las dolorosas consecuencias que les hará pagar en el futuro esta crisis del carajo, propuso a su editor títulos mucho más concretos, como ¡Duérmete ya, maldito cabrón! o ¡Duérmete de una vez, que me tienes harto, jodido hijo de tu madre! Pero su editor, en su infinita sabiduría, comprendió rápidamente que dos palabras era más que suficiente.

Estivill tiene una teoría que, además, funciona de maravilla para promover en los retoños eso de la indefensión aprendida, lo que me recuerda lo que Harry el sucio decía de la opiniones, que siempre son como los agujeros del culo, todo el mundo tiene uno. Pero el problema no es que tenga una teoría, o que incluso esta funcione. Lo peor es que cree, en su ceguera infinita, que todavía nadie ha publicado nada serio que lo desmienta. Los caminos del Señor no son únicamente inexcrutables, están también transitados por toda clase de tipos raros e ignorantes que, además, no parecen haber leído otra cosa en su vida que su propio muro del feisbuc.

Estivll es el hombre del saco, con el que algunos de nuestros padres nos amargaron la infancia. Siempre identifiqué al tal personaje con un tarado que había en mi pueblo y que vivía bajo una boina negra mal planchada. Me producía verdadero terror, no sé si él mismo o su inesperada boina. Ahora, gracias al cielo, ya sé que en realidad no es otro que un tipo que escribe libros siniestros dispuesto a hacer un montón de dinero con el sufrimiento de los niños.

Ahora, cuando tu hijo llore y llore sin parar, o simplemente no se duerma porque no le sale de sus reales, o simplemente desobedezca porque está de oirte hasta la cera de las orejas, siempre podrás amenazarle con esto de “que viene el doctor Estivill”, y si viene, a lo mejor escribe otro libro del tipo ¡Cómete la sopa, cabronazo, que me tienes hasta los güevos!

4 pensamientos en “Meta a su hijo en la lavadora y ponga el centrifugado

  1. Por lo que cuentas, creo que no tengo espiritu tan cruel para leer al doctor Estivill, quizá porque todos los días pongo a fucionar la lavadora (trabajo doméstico repartido) y veo lo que pasa dentro.
    Me entretiene más Harry el Sucio, tanto por la interpretación de Clint Eastwod como por esa escena en la que apuntando con su Magnum a la cabeza de un presunto delincuente le dice “Vamos chaval, dame motivo para una alegría…”

  2. pero si tiene un libro llamado “a comer!”, al que seguramente le quiso titular como tu frase del final… ahi indica ofrecer la sopa, si no la toma, dejar pasar tres minutos, volver a ofrecer, si no toma, dejar pasar cinco, volver a ofrecer, dejar pasar 10, ofrecer, y si no toma, dejar todo el día sin comer, hasta la noche. no miento! googlealo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s