La persona deprimida (II)

Por si no fuesen suficientes los avisos que David Foster Wallace había ido dejado por allí y por allá sobre su depresión, fantaseando incluso en algún momento con su internamiento en un centro psiquiatro, su libro Entrevistas breves con hombres repulsivos recoge algunos relatos cuyos títulos son una buena fuente para el lector avisado: desde “La muerte no es el final”, hasta el magnífico “La persona deprimida”, sin olvidar el más esclarecedor “El suicidio como una especie de regalo”.
Lo he vuelto a leer y me sigue pareciendo un cuento perfecto, una auténtica premonición y toda una declaración de intenciones: la madre imperfecta que sabe de su imperfección y que por ello acaba siendo perfecta con su hijo imperfecto. Y a cuanta más imperfección de su hijo más perfección de ella intentando comprenderlo y justificarlo, sabiendo ella de su propia imperfección. Finalmente, el muchacho acaba por comprender el sufrimiento extremo de la madre y la premia con su perfecto suicidio de persona imperfecta.
¡Dios mío, David! ¡Tenías que haber seguido escribiendo…!

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