Este incordio de padres

Los padres somos un incordio, un estorbo; causa y al mismo tiempo impedimento del mismísimo crecimiento. Algunos incluso somos capaces de recordar que una vez tuvimos la edad suficiente para no poder ser otra cosa que hijos dispuestos a acomodarnos en un nicho vacío del cementerio con tal de que éste se encuentre lo más lejos posible del domicilio paterno.

Pero hay un momento, muchacho, en el que alguien debería enseñarnos a echarnos a un lado para dejar libre el paso. O mucho mejor: que un dispositivo automático nos obligue a evaporarnos en la nada con el paso furtivo de la brisa nocturna el mismo día en el que en el quiosco de la esquina únicamente seamos capaces de encontrar el periódico del viernes de la semana pasada.

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