Decir o no decir

Puede que la edad nos vaya haciendo más desconfiados a medida que adquiere consistencia el borrador de nuestra esquela. O tal vez no sea la edad y sí la teimada frecuencia con la que la paranoia hace presencia ante el fuego cruzado de la lucha por la existencia. Pero lo cierto es que cada vez me resulta más difícil ejercer mi derecho a dejar por escrito lo que pienso, no vaya a ser que las redes del tuiter o las del feisbuc se pongan de acuerdo para protestar por mis opiniones bajo la ventana de mi cuarto a las cinco de la madrugada.

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