El juego de las diferencias

Cuando niño, lo único que me gustaba del periódico era la sección de pasatiempos y, de todos ellos, el único con el que podía pasar un rato razonable era el juego de las diferencias, en el que dos dibujos en apariencia idénticos escondían sutiles contradicciones.
No podía imaginar entonces que años más tarde llegaría a jugar al juego de las diferencias sin necesidad de llegar a los pasatiempos y nada más abrir cualquier periódico del día, con noticias como:

España se prepara para recibir a presos de Guantánamo / Alemania necesita 250.000 trabajadores altamente cualificados.

Disidentes cubanos se quejan de que las casas de acogida en España no son los hoteles de cuatro estrellas prometidos / Alemania agilizará el papeleo y los trámites de la remesa de trabajadores especializados que necesita para cubrir decenas de miles de puestos de trabajo.

Los banqueros españoles le dicen al presidente que no es momento de resolver su sucesión / Islandia lleva a sus banqueros a los tribunales

España amplía la duración prevista de algunas centrales nucleares / Alemania no volverá a poner en marcha las siete centrales cerradas de forma cautelar tras el desastre atómico en Fukushima.

En ocasiones siento nostalgia de aquellos toscos dibujos en blanco y negro. Eran mucho más inofensivos: cerraba el periódico y desaparecían para siempre de mi vida. No sabían amargo. No dolían.

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